mayo 04, 2008

orgullosa de este reportaje

“La mitad del mundo no puede comprender los placeres de la otra mitad”.
Jeane Austen (1775-1817) Escritora británica.

Me levanté de mi cama a las 10:00 a.m. y una hora más tarde me encontré sentada frente a la televisión viendo mi programa favorito, rodeada de chocolates y otras delicias, estaba encantada con la idea de abandonarme a la soledad de mi casa un lunes en la mañana, a sabiendas de haber faltado al trabajo y tener que elaborar una nueva lista de pendientes. Así es como transcurrieron las horas entre la idea de una falta más y mi enorme deseo de seguir en el sillón viendo televisión por cable, última y única cosa que realicé hasta entrada la noche, cuando la conciencia ya estaba por matarme.

Quizá no debería sentir tanta culpa por pasar muchas horas frente a la televisión sucumbiendo a la pereza, pero la decisión de quedarse en casa sin importar nuestras actividades resulta tan frecuente en las personas que eso me hace sentir más culpable, sobretodo porque a mi decisión se unirá esa mala costumbre que tenemos de inventar pretextos, como los nuevos ritmos de vida, el trabajo, el calor o la jaqueca. Sin embargo, sólo se trata de un ejemplo venido de un personal cargo de conciencia, cuando de lo que se trata es de hablar sobre placeres culposos.

Si bien en la actualidad el término de placeres culposos es sobradamente utilizado, la mejor manera de abordar el tema es definiendo a que se le llama placer y por ende, culpa, ya que disciplinas como la Psicología no lo consideran un fenómeno de estudio como tal. “Es un nivel de culpa más que una patología, porque afecta mas allá de decir que estuvo mal lo que hice”, comentó Victoria Santillan, psicóloga de la Facultad de Ciencias Humanas.

En cuanto al término culpa, el Derecho separa dicho concepto de “dolo”, así, mientras que el dolo tiene la intención de dañar, la culpa carece de propósito y se entiende como un acto imprudente o negligente. Asimismo, el sentimiento de culpa queda entendido como una “experiencia dolorosa que deriva de la sensación más o menos consciente de haber transgredido las normas éticas, personales o sociales”.

El placer, es un término aún más ambiguo comúnmente usado para referirnos a muchas cosas. Existe entonces el placer estético, emocional, lúdico, intelectual o físico, en cuyo caso el bien se remite a través del disfrute de la “belleza”, el amor, el deporte, el aumento de conocimientos o el cumplimiento de necesidades naturales como la alimentación o las relaciones sexuales. Una concepción más universal del placer lo expresa como aquel “sentimiento de satisfacción que de la esfera sensitiva se difunde a la psíquica y espiritual, como respuesta del sujeto a la consecución de un bien”. ¿Que son entonces los placeres con culpa?.

En una encuesta efectuada a 35 personas, la mayoría coincidió en definir a los placeres culposos como aquello que una vez realizado te produce cargo de conciencia, en otras respuestas predomino el factor vergüenza y un grupo más extenso no reparo en mencionar la función que ejerce la sociedad sobre el sentimiento de culpa al opinar: “son las cosas que nos gustan pero que debido a ciertas normas sociales sentimos que no son aceptables”, o bien; aquello que “ante los demás no es bien visto”.

Asimismo, para Sigmund Freud lo que ahora denominamos Placeres Culposos se suscitan en lo humano gracias a la cultura opresora de nuestros mas “oscuros” deseos, algo que explica a través de su teoría de Yo, Super-Yo y Ello , donde el Super-Yo representa los pensamientos morales y éticos que eliminan o regula los pensamientos primogénitos dados por el Ello. En última instancia, es nuestro Yo quien se martiriza frente al pastel de chocolate, el novio de nuestra mejor amiga, las mentiras o el cigarro, manifestando sentimientos de culpabilidad a través del remordimiento. Así, en una concepción freudiana, el hombre puede concebir la felicidad solamente relacionándola a una satisfacción en común con el entorno.

Simplemente, esbozar antiguas culpas entre la familia, con los amigos o la pareja, es ganarse la risa de la compañía sobre nosotros, dado lo gracioso del confesionario sobre aquello que nos gusta hacer y sin embargo, no deja de parecernos vergonzoso. Entonces, a todo eso que admitimos o bien guardamos y conlleva un nivel de placer difícil de equilibrar con nuestra propio concepto de “moral”, lo hemos considerado como un placer culposo. Definitivamente, es la vida cotidiana el fiel escenario de la culpa y los placeres, o bien, de lo que en un principio fue un concepto anglosajón: Guilty pleasures.

Al respecto de dicho término, el internet una vez más nos deja ver como un concepto puede propagarse al grado de volverse moda entre los cibernautas y manejarlo como un tema de lo más común aún cuando refiere actos pusilánimes. Es así como ejemplos de dichos placeres son fáciles de encontrar en paginas de Blogger o Yahoo, donde la gente intercambia sus culpas sin tanta pena que digamos, como si la zozobra adquiriera su propio papel entre lo que consideraríamos altos niveles de apertura, en cuyo caso, vuelve a adquirir un papel fundamental la cultura en donde su autor se desenvuelve.

¿Qué sucede entonces cuando comparamos los placeres culposos de una adolescente europea con una mexicana?, encontramos que una joven francesa puede tener relaciones sexuales con más hombres a lo largo de su vida que lo que una chica mexicana se permitiría; igualmente, la joven francesa puede tener una experiencia lésbica y hablarla abiertamente, mientras que para la chica mexicana una práctica de ese tipo bien podría convertirse en su secreto más culposo.

Basta con revisar los datos arrojados de las encuestas realizadas de manera anónima entre jóvenes de 20 a 24 años, para dar cuenta de ello tanto como de otras variables. De manera general, los resultados arrojaron que aún persiste el tabú para hablar de sexo puesto que el mayor porcentaje de abstinencia fue de 42% y se da sobre la pregunta ¿Qué fantasía sexual te daría pena experimentar?. Curiosamente, el género pop, las telenovelas y la comida chatarra, así como la compra excesiva de accesorios (collares, aretes, pulseras) como gustos culposos predominantes, demuestran que el placer se impone sobre la conciencia, o como diría Pascal; ¨En el placer, es el hombre el que sucumbe al placer”.

Lo que parece caracterizar entonces que un placer sea culposo, es la poca necesidad real que tenemos de cumplirlo (como los collares o el contenido de las telenovelas), y en mayor instancia, el grado de aceptación que nuestro capricho puede tener entre nuestros inmediatos como lo indica el hecho de evitar responder una pregunta sobre sexualidad o el hecho de que las respuestas variaran considerablemente; ya que si bien “tener relaciones sexuales con dos personas al mismo tiempo”, o “hacerlo con alguien que no sea mi pareja” empatan en resultados con un 11%, algunos afirmaron sentirían culpa de dormir con el papá de una amiga, “con un menor de edad” o “con un maestro”.

Igualmente, el hecho de que tu pareja disfrute ver a otros hombres o mujeres es el placer que menos soportarías, y a este le sigue “Que le guste salir sin mi” y que “escuche música que no me gusta”. Los ejemplos anteriores pueden suponer la manera en como se conllevan las relaciones personales en nuestra sociedad, ya que la infidelidad sale a la luz como algo intolerable, aún cuando esto le procure un placer a muchos de los encuestados y Epicuro de Samos insista en que “Todo placer es bueno por su propia naturaleza, aunque no todo placer sea elegible”.

En cuanto a la música, la misma encuesta arrojó que el genero “pop” resultó el más vergonzoso de los placeres a escuchar con un 38% por encima de la música de Banda (o “Agropecuaria”) o el “Reggeton” que obtuvo el 14% de las menciones, mientras que en otros ejemplos mencionaron “lo que yo llamo música para nenas como Belanova, Jumbo o Bolován”. Cabe señalar que al hablar de la televisión, tanto “Laura en América”, como “La fea más bella” o el programa “Otro Rollo”, fueron los placeres más citados que resultan culposos entre los televidentes.

A decir verdad, el pasar muchas horas frente a la televisión puede decir mucho más de mi que la etiqueta de placer culposo que le otorgaríamos todos, pues hay un mundo de significados detrás de nuestros actos y también es cierto que habrá quien finja remordimiento para salir de un apuro y apaciguar la vergüenza, donde queda claro de nuevo que todo se trata de la ética y moral en cada persona que ejercerá de distinta manera para regular su vida en sociedad, al hedonismo imperante o las dosis utilitaristas que abogan que el placer es la base de la felicidad.

Así, mientras comer y dormir predominan culposamente en la conciencia de muchos, y otros sucumban a las mentiras blancas y oscuras, a la lectura obsesiva de blogs, a burlarse de las personas o morderse las uñas, Aristóteles nos recordará siempre que una exquisita barra de chocolate o un tarro de cerveza frío no debería nublar nuestra razón para caer en los brazos de señorita culpabilidad.

En cuanto

a la Música


Televisión

Alimentos

Consumo Excesivo de Artículos

En cuanto

al Sexo

Pop

36%

Telenove-las

43%

Comida Chatarra

29%

Acceso-rios

31%

Sin responder

42%

Otros

21%

Reality Shows.

18%

Carne

18%

Sin

responder

23%

Otros

29%

Banda

18%

Otros

18%

Soda

14%

Maquillaje

18%

Con dos personas

11%

Regge-ton

14%

Sin

responder

14%

Otros

14%

Otros

14%

Infiel

11%

Sin

respon-der

11%

Caricatu-ras

7%

Sin respon-der

14%

Ninguno

14%

Sexo anal

7%

Chocola-tes

11%

BIBLIOGRAFIA

http://es.wikipedia.org/wiki/Placer

http://www.razonypalabra.org.mx/fcys/2001/3sep.html

http://www.psicoactiva.com/diccio/diccio_b.htm


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